La codependencia emocional se puede dar en cualquier tipo de relación, no necesariamente en una relación romántico-amorosa, puede presentarse
entre padres e hijos, entre amigos e incluso entre las personas con las que trabajamos o convivimos.

Su origen proviene generalmente de la infancia y surge principalmente de una necesidad emocional que nace del miedo al abandono y al rechazo y de la idea de pertenencia o falta de apego.

Todos actuamos en algún momento de forma codependiente, pero es importante conocer los límites en los que ello se convierte en una costumbre y una enfermedad. Cuando el motivo de nuestro amor se convierte en una relación agobiante y destructiva.

Algunas de las características de una persona codependiente pueden ser: Dificultad para establecer y mantener relaciones íntimas sanas.
Tendencia a hacerse cargo del cuidado del otro u otros. Dificultad para poner límites y para expresar pensamientos y emociones.
Buscar siempre el bienestar de los demás aún a pesar del propio. Minimizar, justificar y negar los malos tratos. Conductas compulsivas. Profundos sentimientos de incapacidad. Baja autoestima.
Dependencia a la aprobación externa.
Depresión.

Es una adicción. Pero también es una enfermedad tratable. El tratamiento de la codependencia puede consistir en el apoyo psicoterapéutico y/o con grupos de autoayuda. El conocer las experiencias de otros abre las puertas a una visión diferente del problema y pueden ser espejo de las mismas acciones que una persona codependiente lleva a cabo diariamente.

Es cierto que la vida es mejor si la llenamos de amor, pero tiene que ser un amor sano. Cuando descubras que puedes sentirte bien estando contigo
mismo, amándote lo suficiente para hacer, decir y pensar lo que te parezca adecuado, sin remordimientos ni culpas, estarás un paso adelante en poder establecer relaciones más sanas.

Amarnos a nosotros mismos nos permite crecer emocionalmente y nos da la pauta necesaria para amar a los demás con sus diferencias y semejanzas.

Todos buscamos relaciones ideales, pero no idealicemos.

Una relación sana en una pareja, con una buena amiga, o en la cercanía con nuestros hijos, no recurre a necesitar a los demás y delegar en ellos la tarea de hacernos felices y de la perfección, sino a la idea de compartir y disfrutar la presencia de otros, sin ataduras y por el simple hecho de que son seres que amamos.

Por Claudia Esponda

¡El Codigo De La Emocion en Barcelona 12 de octubre de 2013!

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