– Por Annete Ruiz

Pensamos que sólo tenemos un cerebro en nuestro cuerpo pero tenemos más de uno. El cerebro que siente es el corazón y podría decirse que es el más importante porque es el centro de nuestra esencia y nuestra creatividad y, por lo mismo, el que nos transmite los deseos del alma.

El 93% de las personas hemos construido una coraza alrededor de nuestro corazón con la energía de las mismas emociones que nos han herido y por ello nos sentimos desconectados de nosotros mismos y de los demás. Cuando tenemos esta pared la mente no logra conectarse con nuestros deseos más íntimos y crea desde la separación, el miedo y creencias y paradigmas erróneos.

Esta pared la creamos como medio de defensa pues nuestro subconsciente sabe cuan esencial es el corazón. Lo complicado es que es una falsa protección que nos ocasiona todo tipo de dificultades pues el corazón es el que dirige y regula los otros órganos del cuerpo. Si energéticamente lo estamos bloqueando no puede hacer su labor con eficacia. La coraza entorpece el fluir de la energía de nuestro campo energético y el cuerpo pierde su habilidad natural de auto sanarse y de regenerarse. Como resultado los órganos comienzan a fallar y nos enfermamos. No es por casualidad que la muerte por enfermedades y fallos del corazón sea la más generalizada. Otros efectos comunes de este muro o pared son: depresión, indiferencia, apatía, problemas para alcanzar el éxito, obstáculos para dar y recibir amor. Físicamente nos puede dar dolor de cuello, hombros y podemos sentir el pecho apretado.

La llamo una falsa protección ya que con ella nos podemos volver indiferentes a algunas situaciones tales como ver en la calle a alguien que ha perdido su hogar. Mas a la hora de la hora, si algo nos toca de cerca, así como la muerte de un ser querido, igual nos va a doler, tengamos coraza o no.

Para mí El Código de la Emoción es maravilloso y una de las razones de su éxito sanador es el que ponga énfasis en liberar al corazón de este muro. Cuando lo liberamos empezamos a conectarnos de nuevo con lo que somos, con los demás, con la humanidad. Al reconectarnos con nuestro ser podemos descubrir que es lo que de verdad nos entusiasma. Y al hacer lo que amamos vibramos más alto y contribuimos a subir la vibración general de la Tierra. No perdamos ni un segundo más, comencemos a resguardarnos con nuestra propia luz, imaginando que irradia desde nuestro centro hacia afuera. Así cuando eliminemos las emociones que conforman nuestro muro, nos seguiremos sintiendo amparados y no tendremos necesidad de reconstruir falsas protecciones. Podremos vivir con tranquilidad desde el corazón.

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