Generalmente conocemos nuestras emociones y las evaluamos en positivas y negativas.
Vivimos contemplándolas, sintiéndolas, aprendiendo a conocerlas, les ponemos nombre, intentamos manejarlas y controlarlas. Pero ¿qué pasa con todas aquellas emociones que se han asentado en el pasado y que no logramos reconocerlas y lo mas importante, que nos afectan?

Estudios científicos nos explican que utilizamos una pequeña parte del potencial que tiene nuestro cerebro. Sin embargo existe otra, que conocemos como el subconsciente. Ahí, se almacena toda la información que vamos acumulando durante nuestro desarrollo, crecimiento, en base a experiencias, sensaciones y emociones. Es aquella parte que hace funcionar nuestro cuerpo. Que logra que al mismo tiempo podamos respirar, lata nuestro corazón, se reproduzcan nuestras células, leamos un libro, y nos ponga en contacto con todos nuestros sentidos, haciéndonos saber que algo se esta quemando en la estufa.
Ella mantiene toda la información que contenemos.

Pero lo más importante, es que  también almacena nuestras emociones, quedando algunas de ellas cautivas, “atrapadas”, y auque no las vemos, existen, como el viento, lo sentimos, pero no lo vemos, no tiene un color, no lo podemos guardar en nuestra bolsa y llevarlo a casa.

Alguna de las formas mas comunes de reconocer estas emociones atrapadas, es cuando prestamos atención a nuestro cuerpo.
El, a través del subconsciente, nos informa de que algo esta pasando energéticamente en nuestro interior.

Se han catalogado hoy día una infinidad de enfermedades relacionadas con nuestras emociones, como la colitis y gastritis por consecuencia del estrés, e incluso el cáncer.
El escuchar nuestro cuerpo puede ser un buen catalizador para conocer que tenemos emociones que no hemos logrado superar.

Si nos definiéramos como una caja musical, seria fácil describir nuestro cuerpo como el estuche principal, la silueta que gira, consistiría en ser las emociones que logramos expresar, y la llave que hace sonar la música, los detonadores que definen si escucharemos música para bailar, una balada, una triste canción o solo música de relajación y que nos motivan a revelar nuestras emociones.

Pero tendríamos que pensar también que hay una serie de engranes internos, ocultos, que hacen que broten las notas musicales y esos engranes podríamos definirlos como las emociones que tenemos ocultas y que también surgen cuando algo del exterior las hace detonar.

Nuestro caso como seres humanos en particular, es que tenemos la libertad de elegir que música queremos escuchar.  Pero no siempre ocurre así, los detonadores a veces son difíciles de descubrir y el código de la emoción es un sistema que nos lleva de la mano a conocer cuáles son esos mecanismos, a descubrir nuestras propias ataduras, a escuchar lo que nuestro cuerpo nos dice y  por supuesto a sanar de una manera armoniosa aquellas emociones que no nos permiten crecer, ni estar en contacto con nuestra parte positiva.

Es necesario buscar en el mundo en el que vivimos y sobretodo en nuestro interior, nuestros aliados. Todo aquello que nos ayude a confiar, a mejorar nuestra salud, a disfrutar del amor y a encontrar la felicidad.

El código de la emoción es un maravilloso método de autoayuda para la liberación de esas emociones atrapadas. Nos acompaña en el proceso para obtener el control de elegir nuestras emociones y tener con ello, una vida plena.

Conéctese con nosotros en Facebook

– POR CLAUDIA ESPONDA