Entender la influencia que tienen nuestros antepasados en nuestras vidas es esencial para progresar en nuestro camino de sanación. Si sólo me concentro en el “yo” estaría perdiendo datos importantes que afectan mi vida de maneras inimaginables. La vida de nuestros antepasados, sus miedos, sus prejuicios y sus esperanzas a menudo se manifiestan en nuestra propia vida, incluso cuando no somos conscientes de ello. Identificar con éxito la huella que nuestros antepasados han dejado en nuestro interior es tomar consciencia de nuestra historia para poder transformarla en una nueva, libre de los demonios del pasado.

El psicólogo y psiquiatra suizo, Carl Jung, pudo darse cuenta de este hecho, se nota en esta reflexión: “Cuando trabajaba en mi árbol genealógico, entendí la extraña comunión del destino que me une a mis antepasados. Tuve el fuerte presentimiento de que estaba bajo la influencia de actos y problemas que quedaron incompletos, no resueltos por mis padres, mis abuelos, y mis otros antepasados. Tuve la impresión de que a menudo en la familia hay un karma impersonal transmitido de padres a hijos. Siempre pensé que tenía que responder preguntas ya hechas a mis antepasados o que tenía que concluir, o continuar los problemas no resueltos previamente”.

Anne Schützenberger, en los años 70, al darse cuenta en su trabajo con enfermos de cáncer que habían repeticiones en la historia familiar, desarrolla la psicogenealogía . Esta es una terapia que trata de analizar lo vivido por los antepasados de un individuo para descubrir las causas de los trastornos actuales. Ella descubrió como los secretos de familia, las cosas “no dichas” como asesinatos, locura, robos, infidelidades, cárcel, incesto, abusos… tendían salir a la luz por medio de eventos trágicos, enfermedades y otras situaciones conflictivas que afectaban a los descendientes. Cuando el árbol quiere develarte un secreto, crea una estructura, algo que se repite, con eso pretende llamar tu atención.
Muchas veces hasta las fechas se repiten. En su libro: “¡Ay, mis ancestros!” cuenta el caso de una biznieta a la cual se le rompe el himen por accidente a los siete años y estudiando su árbol, descubre que su bisabuela fue fruto de una violación, en el mismo día y mes que le ocurrió su accidente.

El psicoanalista alemán, Bert Hellinger dice “los miembros de una familia se encuentran unidos por un alma común y también son dirigidos por ella. Esta alma familiar se rige por unas órdenes que en su mayoría permanecen ocultas para los miembros de la familia”. Estos patrones que sigue nuestra alma en base al ‘alma familiar’ son inconscientes.

Hellinger da ejemplos que ha visto durante sus terapias: las Constelaciones Familiares. Explica el caso de una hija que se queda sin casarse por lealtad a una tía que nunca se casó por cuidar a sus padres, y que inconscientemente es rechazada por la familia por el hecho de no contraer matrimonio. También habla de un hijo que siempre está pensando en suicidio en respuesta al patrón mental de su padre que ha sobrevivido la guerra pero que a nivel subconsciente añora unirse a sus compañeros. El inconsciente del hijo dice “yo me muero, para que tú, querido padre, vivas”.
Estos patrones subconscientes del alma familiar siguen apareciendo y afectando a los miembros del árbol genealógico hasta que aparece un héroe o heroína de ese clan y descubre, revela y sana lo que estaba escondido. El alma familiar queda sanada cuando se comprende lo que se está repitiendo y se quita o se repite en una forma positiva.

También podemos sanar estas cargas familiares liberando las emociones que han pasado de generación en generación por el ADN con El Código de la Emoción, terapia del Dr. Bradley Nelson. Al liberar estas emociones heredadas dejamos de repetir situaciones que están siendo atraídas a nuestro campo energético por la resonancia de estas emociones que están en nuestra memoria celular. Al sanarlas se puede sentir la paz y el agradecimiento de los ancestros que están siendo liberados por medio de nosotros. Este trabajo de plena consciencia es un verdadero trabajo de amor hacia nuestros antepasados, nuestros hijos y nosotros mismos.

Por Annete Ruiz

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