Sabemos que los niños son la fuente mas clara de vivacidad, energía, claridad y luz. Ellos son maestros y aprendices. Nos regalan ocurrencias que hacen de nuestro día el mejor. Nos enseñan con palabras y acciones el verdadero sentido del amor. Desconocen los riesgos y el miedo. Son alegres, bondadosos y confiados.

Y durante su crecimiento se van coartando esas virtudes convirtiéndose en desventajas. Nos volvemos niños-grandes que escondemos nuestros pensamientos, ocultamos nuestros sentimientos y vivimos atemorizados porque vamos cambiando nuestras creencias y convicciones.

Somos nosotros, padres, maestros, adultos los que tenemos la responsabilidad de ser guías, ¿acaso no hemos estado mas tiempo creciendo, aprendiendo y experimentando?.

Apliquemos la misma lógica que queremos para nosotros. Pensemos y hablemos como niños, con la verdad, con el amor, con sencillez. Sembremos en ellos pensamientos que los fortalezcan y los ayuden a afrontar los retos de una manera positiva.

Hay quien afirma que Las creencias se convierten en pensamientos, los pensamientos se convierten en palabras, las palabras en acciones, las acciones en valores y los
valores en destino. Modificar nuestras creencias serían entonces el inicio de la transformación de nuestro entorno, de lo que sentimos, de lo que anhelamos, de lo que
proyectamos y de lo que se dará como resultado.

Si podemos trabajar en cualquier etapa de nuestra vida, porque no comenzar ahora y con nuestros hijos.

Pensemos y hablemos como niños, desde nuestro subconsciente, aunque como adultos desde el consciente, para dar sentido a lo vivido. Entreguemos a nuestros hijos
mensajes positivos, censuremos el “no puedes”, “no debes”, por aquellos mensajes que los ayuden a trabajar en el camino de la autoconfianza, escuchando sus opiniones,
buscando los motivadores que los insten a desarrollar todas sus habilidades y virtudes.

Manejamos en nuestro subconsciente aproximadamente un 80% de informaciòn negativa diariamente, y si eso nos afecta a nosotros, cómo lo hará con nuestros hijos
que confian y creen en nuestra palabra. Almacenarán en sus mentes, como un pequeño software esa información y se acumulará con otra más que provendrán de
otras experiencias convirtiéndolos en adultos con una enorme carga de información negativa y que los acompañará toda su vida.

Es importante cambiar nuestro sistema de creencias, por aquellas que sean de beneficio para nuestro desarrollo.

Es importante enfocarnos en lo que deseamos y necesitamos, conocer la diferencia y buscar el camino de la felicidad.

Es importante conectarnos con las herramientas que nos habilitan para conseguir, obtener y lograr ser las personas que deseamos ser y ayudar a conseguir, obtener y lograr de nuestros hijos que sean las personas que ellos desean ser. Empecemos a cambiar nuestros pensamientos y juguemos el juego de ser niños y de aprender de ellos lo simple y maravillosa que puede ser la vida y respondamos a ellos, guiándolos a conseguir una vida plena llena de amor, confianza, salud y felicidad.

Por Claudia Esponda

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