El Poder de la Palabra

Cada palabra tiene un origen, un espíritu, un sentido. Son producto de anécdotas, de circunstancias, de ideas, de adiciones y sustracciones gramaticales, pero la connotación que a ellas se les dan, no son solo un simple motivo de estudio, su transcendencia alcanza lugares mas apartados de lo que muchas veces suponemos.

Llega a algo llamado subconsciente, donde pueden almacenarse o desecharse y cuyo impacto puede ser mayor.

Cautivar nuestra atención con las palabras puede ser el trabajo de un orador, de un motivador o de un maestro, pero todos los días interactuamos con una, diez o cien personas que sus palabras reflejan un impacto en nosotros.

Lo mismo hacemos nosotros en nuestra interacción con los demás. Recuerdo que mi madre me decía “si no tienes nada bueno que decir, mejor no digas nada”, y en verdad lo creo, porque a veces nuestras observaciones pueden ser basadas en vivencias personales, totalmente subjetivas y que pueden estar fuera de contexto.

Se presentó un artículo en un periódico que describe cómo el poder de la palabra “no” al inicio de un diálogo libera en el cerebro del escucha, cortisol, una hormona relacionada con el estrés y la cual nos pone en alerta, el mismo articulo explica que por el contrario al escuchar un ‘sí’, se libera dopamina, la hormona que se relaciona con la recompensa y el bienestar.

Nuestras palabras siempre generarán un impacto, una descarga emocional que podrá ser favorable o en sentido opuesto un “knockout”, solo debemos estar conscientes, que tendrán algún efecto.

No se trata de ser cautivos y silenciosos, solo conscientes de el efecto que ellas pueden provocar en los demás y en nosotros mismos.

Las palabras positivas o estimulantes son asimiladas por el hemisferio derecho del cerebro, donde se concentran nuestras emociones y generarán síntomas de placer, sorpresa y alegría, palabras de aliento favorecerán la compasión y la calma, palabras de amor, repercutirán en aprecio y cariño, palabras de reconocimiento favorecerán un mejor desempeño y desarrollo, palabras de victoria, alegria y júbilo.

Cambiemos nuestra manera de comunicarnos y de hablarnos a nosotros mismos, erradicando palabras negativas, la critica y los juicios prematuros, las palabras altisonantes y peyorativas y enriquezcamos nuestro vocabularios con palabras de reconocimiento, de gratitud, de aprecio y deamor hacia nosotros y hacia los demás.

Por Claudia Esponda

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2018-01-11T17:19:13-06:00agosto 16th, 2013|Articulos|0 Comentario

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