Explorar en nuestro interior y avanzar en el conocimiento han sido dos factores que se han entrelazado para dar cabida a diversas tendencias de sanación.
Mas no son novedosas, sino recurrentes hoy día, las fuentes de sanación energéticas.

Hemos escuchado a los taoistas hablar del Chi, como La energía vital que anima todas las formas de vida del universo. La antigua India nos habla del Prana como energía vital en nosotros.  Los Mayas nos hablaban del cuerpo físico, emocional, mental y energético.
Estamos conscientes que el mundo no esta conformado solo por materia sino también por un alto y sustancial campo energético y que la separación entre cuerpo y mente es mínima a tal punto, que es complicado encontrar la división de la influencia de la una sobre la otra.

Nuestro cuerpo almacena nuestra energía, nuestra memoria, nuestras experiencias, nuestra historia física y guarda nuestras emociones. Las impresiones que vivimos, sufrimos o asimilamos de una u otra forma se archivan en él.  Cuando estas impresiones quedan plasmadas como traumas en una menor o mayor medida, nuestro cuerpo energético responde manifestando un desequilibrio.
Estados como la desazón, la depresión, el rechazo, la falta de motivación, el estrés, la nostalgia, por mencionar algunos, son estados que la medicina energética busca sanar, liberando esa carga de energía negativa para mejorar nuestro estado emocional, psicológico y por supuesto nuestro bienestar físico.

Estamos ávidos, en un afán no vano, sino necesario, de lograr el equilibrio y nuestro cuerpo energético contiene la sabiduría necesaria para aprender a sanar. La medicina energética es un buen inicio podría comenzar ese proceso de auto-ayuda, de elevar nuestra mente a estados positivos y balancear nuestra energía  para obtener una mayor vitalidad, creatividad, claridad de pensamiento, entusiasmo por la vida, motivación, mejorar nuestro rendimiento y nuestra memoria y obviamente mejorar nuestra salud, entre muchas otras cosas.

Por Claudia Esponda

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